domingo, 3 de junio de 2012

Xavi, los cromos y el fútbol

P. De niño, ¿ya veía tantos partidos como ahora?

R. Sí, siempre. Era un enfermo. Hacía las colecciones de cromos. (...) Yo de niño era un flipado del fútbol. Lo que más recuerdo era la ilusión con la que afrontaba el Mundial. Me acuerdo perfectamente de la colección de cromos del 94 y especialmente, y no me digas por qué, de los rumanos: Prunea, Raducioiu, Prodan, Hagi Munteanu, Popescu, Ionescu Bueno. También la de Bulgaria de Stoichkov, Letko, Iordanov, Balakov, Penev. Hacía libretas y me apuntaba: “Jugadores famosos en el mundo”, por países. Y, al final, hacía la selección perfecta: Schmeichel, Cafú, Maldini, Baresi y no sé quien... flipaba yo solo. Ahora pienso: “¿Habrá niños que hagan lo mismo?”.


“Estamos en paz, ya no hay urgencias”, entrevista a Xavi Hernández de Luis Martín, en El País.

Reconforta saber que no era el único.

sábado, 2 de junio de 2012

Volver a ser Estudiantes

Estudiar en el Ramiro de Maeztu hace que, aunque no te guste el baloncesto, tu equipo sea Estudiantes. Puede que no sepas que es un triple, un '2+1', unos pasos o una defensa en zona, pero sí sabes que eres de Estudiantes. Te conviertes en "demente"... una enorme suerte.

Aterricé a los catorce años en el Ramiro. Por aquel entonces el baloncesto me gustaba lo justo, veía los partidos importantes en la tele y lo había practicado en el colegio cuando el campo de fútbol estaba ocupado. Todo cambió de manera veloz: gracias a jugar en el patio, en "la nevera" o en el Magariños descubrí un deporte apasionante y divertido que me enamoró. Al hacerme socio del Estu, impulsado por mi gran amigo David Ramos (@david_ramos5), la filosofía de la Demencia me cautivó. Hay cosas más importantes que ganar o perder, y en eso somos los mejores.

Uno de los recuerdos más vivos que tengo de esta época, de mi etapa en el instituto, es recorrer el camino desde la entrada hasta las aulas junto a jugadores como Azofra, Gonzalo Martínez o Aisa, hablar con ellos como quien charla con un conocido,... La sensación era de familiaridad. El equipo, el club, la cantera y los aficionados formábamos una familia.

Esta temporada se ha consumado el descenso tras varios años moviéndonos en el alambre. Un desenlace trágico pero que debe servir como catarsis: las cosas se han hecho mal y ahora hay que empezar de nuevo. No de cero porque la base es inmejorable. Y es en esa base es en la que hay que confiar.

Volver a ser Estudiantes.

Esta reflexión me la ha sacado de dentro el reportaje que el equipo de Informe Robinson, esos maestros de la televisión, hicieron sobre el Estu y los últimos partidos de la temporada regular. Una maravilla.